ANA Y EL MUÑECO DE NIEVE

Era se la mañana que nevó y Ana salió al jardín, jugó con la nieve y luego hizo un muñeco de nieve.

Al siguiente día Ana fue a mirar el muñeco, pero el muñeco no estaba. Ana buscó en los sitios más frescos, siguió las gotas de nieve que vio en el suelo de la entrada, llegó hasta el pajar y allí encontró una bola pequeña, en ella estaban tres grillos. Ana cogió los grillos en su mano, uno de ellos se escapó dando un salto hasta las escaleras; los otros los metió en una pecera vacía.

Por la tarde Ana hizo otro muñeco de nieve más pequeño. Cuando terminó fue a ver a los grillos, pero descubrió que no estaban, habían hecho un agujero por el que habían escapado.

Al anochecer, mientras Ana se acostaba, los tres grillos se reunieron con un amigo misterioso, llamado Juanjo, en la casa de éste.

Juanjo era un sapo muy inteligente. Entre los cuatro planeaban la forma de conseguir mover el muñeco de nieve de Ana, para que Ana se quedara impresionada.

El sapo cogió unas cuerdas y un montón de telarañas, con ello fueron al jardín de Ana. Al llegar allí se dieron cuenta de que necesitaban: un sombrero, una bufanda y unos guantes. Los grillos y el sapo entraron en el cuarto del padre de Ana y cogieron las tres cosas. Envolvieron el muñeco con las telarañas, ataron las cuerdas en sus brazos, le colocaron el sombrero, la bufanda, los guantes y, como ojos, unas piedras. Intentaron moverle tirando de las cuerdas y las telarañas, pero no lo consiguieron; o no había sido buena idea o les faltaba algo.

El sapo pensó que con unos palos y unas hojas podrían solucionarlo. Los grillos fueron a buscarlos. El sapo puso las hojas cubriendo el muñeco y colocó los palos. Esta vez si que consiguieron mover el muñeco. Lo llevaron a la habitación de Ana, que seguía durmiendo.

Por la mañana, cuando Ana se despertó y vio el muñeco, primero se asustó y luego pensó que era magia. Como no quería que el muñeco se derritiese, lo metió al congelador.

Por la tarde, al volver del colegio, Ana abrió el congelador para ver el muñeco, pero se había deshecho; lo que encontró fue tres grillos y un sapo medio helados. Los cogió y los cuidó para siempre.

 

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