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Los grandes estados
Durante la Edad Media, Europa había sido un mosaico de pequeños
estados, que constantemente mantuvieron conflictos entre ellos.
Tras la crisis del siglo XIV, algunos estados europeos se fortalecieron
mediante políticas de alianzas matrimoniales entre sus reyes o
por medio de guerras e invasiones, y se convirtieron en nuevas potencias.
Varios expandieron su influencia por otros continentes, fundando enclaves
comerciales e iniciando una serie de conquistas que dieron comienzo a
un largo período de colonización.
Un factor decisivo en este proceso fue la implantación de las
llamadas monarquías autoritarias en todos estos estados
modernos.
¿Por qué se llaman así? En la anterior fase histórica
no existió una idea clara de nacionalidad. Los territorios europeos,
gobernados por la nobleza (feudalismo), se preocupaban de mantener y ampliar
sus posesiones, y de estar a salvo del enemigo, que generalmente era el
vecino. Su poder, a veces, superaba al del propio rey, que venía
a ser otro noble más. Esta situación, evidentemente, no
era del agrado de los monarcas, que actuarán bajo una nueva ideología
de estado moderno en varios países.
La primera medida que tomaron fue someter a la nobleza. Esto no quiere
decir que eliminasen a la aristocracia
de la esfera sociopolítica, sino que impusieron su autoridad sobre
la de los nobles, apoyándose en clases sociales cada vez más
influyentes, como la burguesía, que estaba alcanzando un alto poderío
económico; es decir, que al rey le interesaba más tener
de amigos a los que tenían dinero que a los que tenían títulos
y poder. En contrapartida, los burgueses se sentían más
seguros bajo la protección de los reyes y les prestaban su ayuda,
fundamentalmente económica, para sus empresas políticas.
Formaron ejércitos fuertes, convencidos de su misión: la
defensa nacional. Este sentimiento de nacionalismo arraigará en
los habitantes de cada potencia. La nobleza quedará convertida
en una aristocracia cortesana, desplazada de sus feudos (posesiones) a
la corte, donde convivirá con el rey y estará bajo su directo
control.
En segundo lugar, los monarcas autoritarios consiguieron la unidad territorial.
Dejaron bien definidos los límites del territorio que gobernaban.
Marcaron y fortalecieron las fronteras para prevenir ataques externos,
a la vez, que se embarcaron en empresas de expansión colonizadora
por otros continentes.
Además, reestructuraron la sociedad controlando las actividades
humanas en todas las ciudades y regiones, creando una red administrativa
y burocrática
sustentada por representantes del poder real (comendadores, regidores,
etc.), imponiendo nuevos sistemas legislativos y judiciales; marcando,
así, las directrices del estado moderno.
Poco a poco concentrarán más el poder, hasta convertirse,
en el siglo XVII, en monarquías absolutas.
Si observas detenidamente el siguiente mapa, comprobarás que en
la distribución política se parece muy poco al actual.
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Estados europeos en el siglo XV.
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En España se realizó la unificación con el matrimonio
de los Reyes Católicos (ver reinado
de Isabel I). Crearon un gran Estado al que sumaron las posesiones aragonesas
en el Mediterráneo y las castellanas en África y América.
Portugal amplió sus dominios por África y el océano
Índico (ver descubrimientos).
Francia se anexionaba Aquitania, Bretaña y parte de Borgoña.
En Alemania (antiguo Imperio Romano Germánico), fragmentada
en multitud de principados (Austria, Países Bajos y Borgoña,
como más importantes), el poder imperial pasó a la familia
Habsburgo, que lo mantendrá hasta principios del siglo XX.
Inglaterra, gobernada por la nueva dinastía Tudor,
seguirá una política expansionista y colonizadora en todo
el planeta, y representará un importante papel en el futuro de Europa.
Italia queda dividida en ricas repúblicas mercantiles, en
las que se desarrollan, de forma muy destacada, la cultura y el arte renacentistas.
Roma, capital de los Estados Pontificios, tendrá gran relevancia.
Pero Italia no alcanzará su integridad e identidad nacional hasta
siglos más tarde.
La Europa del Este seguirá anclada en el sistema medieval.
Cuando en 1453 los turcos otomanos conquistan Constantinopla, construyen
un gran imperio a lo largo de la costa oriental mediterránea y hasta
el norte de África. El príncipe ruso Iván el Grande
se nombró zar (césar) y sentó las bases del imperio
ruso, heredero del imperio bizantino. Polonia estará, hasta pleno
siglo XX, a merced de los países circundantes; recibirá ataques
por todos lados; sus fronteras fluctuarán conforme a la voluntad
de sus vecinos.
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