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ROSTRA
La Revista
del IES María Moliner
¿Por
qué Rostra?
Alguno de vosotros
pensará que nos hemos equivocado
y que esa última “a” debería ser una “o”.
No vais muy desencaminados, lo cierto es que “rostra” y “rostro” son
distintas formas de una misma palabra, y como no podía ser
menos tratándose de nuestra lengua, su origen es latino.
Para los romanos la elocuencia o “arte de hablar bien” adquirió una
enorme importancia, sobre todo, como el mejor medio para comunicarse con sus
conciudadanos buscando siempre la manera idónea de explicar las ideas,
convencerles o conmover sus espíritus en todo lo referente a la vida social;
varios eran los lugares adecuados para el uso de la palabra: la curia y la basílica,
eran edificios situados en el foro, el centro de la ciudad y de la vida pública
romana, pero se requería ser senador o magistrado para tener acceso
a ellos; sin embargo , los ROSTRA eran un tribuna
abierta a todo el que quisiera replicar a las leyes que se debatían
o, simplemente, un espacio libre desde el que dirigirse y hablar a los vecinos.
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ROSTRA es el plural de
la palabra latina “rostrum”. Originariamente “rostrum” era
el pico o boca de los animales, haciendo referencia a algo puntiagudo
(“que sirve para roer”), y estos picos era lo que ponían
en las proas de las naves de guerra o trirremes, es decir, unos espolones
de madera y revestidos de hierro o bronce cuya finalidad era embestir
y hundir a las naves enemigas, parece ser que con muy buenos resultados,
ya que durante la guerra latina (en el 338 a.C. contra los volscos)
el cónsul Cayo Menio obtuvo la victoria definitiva en el puerto
de Antium y ordenó que los rostra enemigos fueran arrancados
y llevados como trofeo de guerra al muro del foro romano, donde
estaba la tribuna
de los oradores.
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Probablemente, la intención
de este insigne cónsul, no sería otra que la de humillar
a los vencidos, exponiendo públicamente su derrota y vanagloriarse
de su triunfo delante de todo el pueblo, pues el lugar que había
elegido para exhibir este despojo de guerra, era una obligada visita
diaria para todo ciudadano que se preciara de serlo. A partir de
entonces fue conocido como ROSTRA,
y ya sólo fue “la tribuna del orador”, se convirtió en
el símbolo de la libertad de palabra y del diálogo.
En este sentido se crearon expresiones como:
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In rostra ascendere (“subir a la tribuna”)
-
Aliquem pro rostris laudere (“elogiar
públicamente a uno”)
-
Rostra movere (“agitar al pueblo desde
la tribuna del foro”)
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Es evidente que para la revista de nuestro centro hemos elegido
el nombre de “rostra” con este significado, una tribuna
libre, un espacio público destinado a la palabra, y, mediante
el uso de la misma, como hacían los romanos, explicar las
ideas, convencer o conmover los espíritus en todo lo referente
a nuestra comunidad; “Rostra” puede ser nuestro foro
de debate, el lugar donde escribir nuestra historia e inquietudes,
en definitiva, es una invitación para mostrarnos a otros,
y está abierta a todos. |
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Hipatia, “una
cuerda sobre un abismo” |
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Alguien que, como los peces posee la virtud de
lo escurridizo, lo lábil, lo líquido, diluyéndose
en la materia más inconcreta, o elevándose hacia
las regiones más etéreas y abstractas, me sumergió de
improviso en un mar de dudas al proponerme que hiciera un ejercicio
de buceo por aguas profundas y desconocidas con el fin de recuperar
algunos valores perdidos, si no olvidados en el fondo de la memoria.
Yo, que pertenezco a un signo de tierra, hubiera preferido caminar
sobre terreno firme; pero uno no elige el destino, como mucho puede
intentar engañarlo durante un tiempo haciéndole trampas,
eso me propongo. Como el traje de biógrafo me queda muy
grande, he decido contar cuatro retales de la vida de una mujer
que practicó el estilo de la dignidad con el sello de lo
auténtico. Pero antes de pisar este recinto he de recordar
que no debe entrar aquí nadie que no sepa matemáticas. |
Frente al fanatismo intolerante de la
Verdad con mayúsculas, Hipatia propuso la inquietud de la búsqueda,
el entusiasmo del deseo, del afán por descubrir, por desvelar,
por conocer; y digo propuso (el camino de la verdad no se impone). Frente
a la línea recta que lleva al cielo, o al infierno, ¿quién
sabe?, por el sendero angosto del temor (ya sabemos que el fuego quema),
ella prefería las curvas, las parábolas, las elipses, las
hipérbolas, el cono a los cuadrados, la luz a las tinieblas, la
ciencia a la ignorancia. La verdad, tú verdad, mi verdad, vamos
juntos a buscarla..., a buscar las causas, las razones, las explicaciones,
las respuestas.
Como descendiente de la estirpe de Sócrates, Platón,
Aristóteles (por vía paterna) y familia del linaje
de Pitágoras, Euclides, Apolonio, Ptolomeo (por la de
su madre), esta mujer, preguntaba, cuestionaba, indagaba, educaba,
disputaba, discutía, debatía, dialogaba, medía,
calculaba, corregía, exigencias morales de la inteligencia;
pero no imponía, salvo la obligación de respetarnos.
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Recomendaba la prudencia, la moderación, la autoexigencia,
la tolerancia, antes que la seguridad incontestable, la autocomplacencia
o la intransigencia. En tiempos de confusión nada es menos
aconsejable que la Luz cegadora, que el dogma que no se cuestiona
o el mandamiento que se impone; al contrario, desconfiad de quienes
os allanan el camino, os quieren llevar por el suyo, ellos sabrán
por qué. ¿En qué caracteres están escritas
las leyes del mundo? ¿Sobre qué soporte? ¿Con
fuego o con formas geométricas? ¿Con lógica
o con miedo? (“el miedo del hombre inventó todos los
cuentos”). Hipatia buscó, entre la furia y la fuerza,
un espacio para el conocimiento, en los dominios del fanatismo,
lagunas de cordura, figuras en silencio, líneas de meditación,
puntos de encuentro, fracciones de libertad, porcentajes aproximados,
preguntas que abrieran el horizonte; y, con la humildad de quien
se sabe limitada y mortal, recorrió el efímero camino
de la vida entre cielos de eternidad. Con saña la mataron,
la descuartizaron, la quemaron, pero de cada mota de polvo se desprendieron
pedazos infinitos, inconmensurables, de razón.
Casiano Maroto
Departamento de Filosofía
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Hipatia
de Alejandría vivió entre
los años 355 y 416, fue una filósofa neoplatónica
que destacó en los campos de las matemáticas
y de la astronomía. Su vida transcurrió dedicada
a la docencia y la investigación y murió linchada
por una turba de cristianos enfervorizados en tiempos del obispo
Cirilo de Alejandría.
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