En
las elecciones de febrero de 1936, las fuerzas ya se habían
presentado muy polarizadas, y la victoria del Frente Popular
radicalizó aún más la derecha.
Los grandes propietarios veían con preocupación
la reforma agraria, los jornaleros criticaban su lentitud, la
burguesía paralizaba las inversiones y la Iglesia católica
se sentía amenazada por la política anticlerical
de la izquierda.
Durante los meses de febrero a julio de 1936 se
incrementó la tensión entre las fuerzas
sociales. Al gobierno le resultaba difícil mantener
el orden público y la violencia política era cotidiana.
Los grupos de extrema derecha, la Falange, se enfrentaban con
la izquierda, el clima se crispó con el asesinato a manos
de los falangistas del teniente de la Guardia de Asalto José
Castillo. La reacción de un grupo de ellos fue el asesinato
de uno de los líderes de la derecha: José Calvo
Sotelo