
Trabajo en una escuela rural. En mi aula conviven niños y niñas de tres niveles. Esta convivencia se convierte cada día en una nueva experiencia y en un reto a la hora de conseguir los objetivos propuestos para cada nivel.
Aunque cada niño es un mundo, hay algo que les une: el afán por aprender y el gusto por escuchar cuentos, canciones, adivinanzas, poesías e incluso historias pasadas. Estas inquietudes fueron las que me llevaron a embarcarme en el Libro viajero, que, como su su nombre indica, viaja de casa en casa de los alumnos, de los profesores en prácticas y de algunos compañeros que se apuntan para contar, primero oralmente y luego por escrito, historias a los niños. Acompañamos nuestros textos con fotografías, dibujos, pegatinas o recortes que hacen alusión al tema tratado.
Llevamos tres años escribiendo libros viajeros y cada curso todos nos sorprendemos con cuentos, canciones y anécdotas nuevas. Los padres, abuelos y hermanos se han involucrado en esta experiencia y los pequeños se emocionan al ver el trabajo de su familia en el libro y leen (sin saber hacerlo) lo que han creado en sus páginas.
Y, un día ya puestos a viajar, nació el Abecedario gigante y viajero. Disponía de unas fotocopias gigantescas cada una de ellas de una letra y ¿por qué no aprovecharlas?
El abecedario viajó a casa de cada uno de los alumnos y cada familia se encargó de dar vida a un fonema con dibujos que hiciesen alusión a él. Es una forma divertida de iniciarse en la lectoescritura y un libro de consulta para los más avanzados. Su gran tamaño y colorido lo convierten en algo atractivo para los más pequeños de la clase.
También os recomiendo La bolsa viajera, un gran saco fabricado con cartulina y decorado libremente. Su función es transportar los trabajos realizados sobre una unidad didáctica. Los padres tienen la ocasión de seguir el proceso de aprendizaje de sus hijos y colaborar en él.
La bolsa viajera permanece en casa del alumno varios días para poder disfrutar todos observando los trabajos del niño. Después vuelve a clase para seguir guardando cosas nuevas de las que sentirse orgullosos.
Tanto el libro, como la bolsa viajera y el abecedario gigante son un lazo de unión entre la familia y la escuela y para que el resultado sea exitoso es necesaria la colaboración entre ambas.
Mi experiencia ha sido muy positiva. Hemos aumentado la biblioteca de aula con estos trabajos, hemos mejorado nuestra capacidad retentiva, nuestro lenguaje oral, nuestra imaginación y sobre todo, lo hemos pasado muy bien leyendo nuestras obras.
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