El rey del castillo
se durmió un poquillo
porque no tenía
mucho sueñecillo,
pues no le dejaban
los ladrones del castillo,
hasta que un día
se murieron de hambre
porque no les dieron fiambre.

El rey compró gusanitos
y se los comieron,
todos juntitos.
El rey pagó a los sirvientes
y se quedaron impertinentes.