SIMPLEMENTE, MARÍA
Erase una mujer trabajadora llamada María. María tenía dos trabajos: fuera y dentro de casa. Fuera trabajaba en el hospital, de ocho a tres de la tarde. Aquí, en el hospital, no paraba, pues tenía el puesto de celadora y debía recoger enfermos, limpiarlos, etc. Lo malo del caso es que la jornada laboral de María no acababa a las tres de la tarde. Llegaba a casa, malcomía y debía proseguir el trabajo y éste era aún peor, pues le esperaban un montón de camas por hacer, ropa sucia que lavar, comida por preparar, deberes del colegio por resolver y un larguísimo etc...
María estaba desesperada. Tenía tres hijos y un marido. Todos fuertes y robustos. Ella estaba muy delgada y en su cara había muchas arrugas y profundas ojeras. Se encontraba cansada, agotada, pero no podía dejar su trabajo de celadora, ya que el dinero hacía falta en el hogar. A su familia les repetía una y otra vez que le echasen una mano en las faenas de la casa, pero de poco le valía. Estaba todo el santo día dándoles voces a lo hijos, riñendo con el marido, y nada. Ya tomó la decisión de hacer lo que pudiera y dejar de regañar.
Ahora bien, a veces se le veía llorar; lloraba de desesperación, puesto que nadie en su hogar daba un poquito de valor a los trabajos de María. Nunca había una palabra de cariño para esas comidas tan ricas que preparaba, ni un piropo para esas camisas y pantalones que planchaba, ni un miramiento para esos zapatos que brillaban, etc...
El destino deparó a María una larga enfermedad que la tuvo alejada del hogar varios meses. Los médicos no sabían si podría superar ese cáncer de mama que tenía. Tuvo que recibir quimioterapia en Madrid y estar allí cinco meses y medio.
¿Qué haría ahora su familia? Ella lloraba desconsolada por su marido y sus hijos; (solos! ¿Qué sería de ellos?. Las primeras semanas todo en el hogar era un desastre: ropa sucia amontonada, el fregadero lleno de platos y vasos. Toda la casa igual. El padre mandaba a los hijos y estos, lógicamente, no solucionaban la cuestión.
Poco a poco se fueron adaptando y arreglaron el problema. (Pero cómo echaban de menos a su madre! Ahora se dieron cuenta de lo que ella hacía en el hogar y cómo acababa siempre.
Para su madre no había domingos ni fiestas importantes, (siempre trabajar y trabajar! Nunca se enfadaba con ellos, siempre estaba sonriente y dándoles palabras de cariño; mamá solucionaba todos los problemas, puesto que su padre, debido al trabajo que tenía, estaba muchos días fuera de casa y cuando llegaba a ésta se encontraba agotado y sin ganas de oír historias.
Pasó el tiempo y María se fue recuperando. Regresó al hogar y poco a poco recuperó las fuerzas. Al principio de su vuelta todo eran atenciones y mimos: mamá era lo primero. Ahora bien, una vez que vieron que mamá iba incorporándose a las faenas domésticas, pues el trabajo en el hospital tardó más tiempo, fueron dejando que ella lo hiciese todo y al final de esta historia es que esta mujer llamada María, acabó como al principio: llorando en soledad por la vida que llevaba. María acabaría sus días como tantas y tantas mujeres del mundo: "Sin haber hecho nada importante".
CAYETANA GONZÁLEZ