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Íbamos el autobús cantando y haciendo el tonto como siempre, aunque más cara de tontos se nos quedó al ver las Lagunas de Ruidera que eran preciosas: largas, anchas y de aguas muy verdosas. Nos explicaron que en total había 15, con nombres como Lengua, Salvadora, Redondilla, Colgada…la primera de todas ellas era la Laguna del Rey, llamada así porque a Carlos III le gustaba mucho ir allí. Cada laguna estaba separada por montículos de caliza que se llaman “tobas”, por eso son lagunas y no un río, ya que el flujo del agua está cortado por las tobas. Más tarde nos dirigimos a la Cueva de Montesinos a la que descendimos agarrados de la mano y con linternas (en este capítulo Cervantes cuenta que D. Quijote bajó al fondo de la cueva sujeto a una cuerda que aguantaba Sancho). Nos contaron la leyenda de Montesinos y de cómo le quitó el corazón a su primo Durandarte para entregárselo a su amada Belerma y cómo el sabio Merlín convirtió a Guadiana en río y a la dueña Ruidera y sus sobrinas que lloraban por ello las convirtió a cada una en una laguna, por lo que se las llamó las lagunas de Ruidera. Cuando regresamos a Daimiel íbamos cansados, pero yo miré para atrás y me quedé muy fija mirando las lagunas, imaginándome las lágrimas que tuvieron que echar todas esas mujeres para convertirse en lagunas (Raquel Hernández y Luis Miguel Caño) |
Ruta del Quijote
Lagunas de Ruidera y Cueva de Montesinos
4/05/2005