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Nuestra
ciudad está situada al noroeste de la provincia de Burgos.El término
municipal de Miranda de Ebro tiene una extensión
de 100,865 Km. Limita
con Álava (al norte y este), La Rioja (al sur) y los Montes Obarenes
(al suroeste). Se ubica en
la depresión recorrida por el río Ebro, que se extiende de
norte a sur entre los montes de Vitoria y la alineación de los Montes
Obarenes. El núcleo urbano presenta
una altitud de 462,20 metros. Conforme al último censo oficial,
la población de derecho asciende a 37.377
habitantes (año 2.002). En el año
2.003 el nº de mujeres se fija en 18.872 y el de hombres en 18.505.
La
climatología es de transición
entre el clima cantábrico -húmedo y templado- y el
de la meseta, seco y de grandes contrastes termométricos. Los vientos
dominantes provienen del noroeste, siguiendo la trayectoria del Ebro, y
del norte.
Miranda
es eje de autopistas, carreteras y vías férreas. Cuenta con
una privilegiada estructura de comunicaciones. En el término coinciden
las carreteras nacionales N-1 (Madrid-Irún) y N-232 (a Logroño),
la carretera a Bilbao, y las autopistas Burgos-Málzaga y Bilbao-Barcelona.
Así es Miranda de Ebro:
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Población.
Tras
experimentar desde mediados del siglo pasado un crecimiento continuado,
éste ha ido ralentizándose en las últimas décadas.
A 1 de enero de 2.003 la población empadronada ascendia a 37.377
habitantes. De los empadronados, 18.872 son mujeres y 18.505 son hombres.
Índice demográfico-DATOS CURIOSOS:
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Naturaleza
La variedad paisajística y climática del entorno mirandés
viene posibilitando la existencia de una enorme diversidad botánica
y zoológica. Recientes estudios recogen la descripción de
dos centenares de habitantes de nuestros campos, algunos tan significativos
como el lobo, el búho real, el martín pescador o el águila
real.
Su cobertura vegetal fue muy distinta en otras épocas de la
que hoy podemos observar, estando antaño formado por uniformes masas
forestales de caducifolios. El avance de los cultivos agrícolas
de los valles se logró a costa de la deforestación de robles
y encinas, subsistiendo en la actualidad pequeños rodales de estas
especies, cada vez más reducidos y diseminados entre terrenos agrícolas,
como podemos observar en los términos de Suzana y Comunión.
Sucesivas talas, allá donde el terreno no era propicio para la agricultura,
bien para aprovechamiento maderero o bien con el áfan de ampliar
los pastos al ganado, convirtieron espacios forestales en terrenos erosionados
más propios a especies de porte arbustivo. Fenómenos que
no impiden el que haya hoy en nuestro entorno bosques de encina-carrasca,
encian, rebollo, quejigo, haya, pinos albar y marítimo, avellanos,
chopos...
La zona geográfica que rodea Miranda -dividida con un criterio
sistemático en cinco grandes hábitats: las Areas de cultivo,
los Asentamientos humanos y sus proximidades, los sotos y zonas húmedas,
los Riscos y cotas altas de montaña, y los Bosques -acoge una sorprendente
variedad animal.
Así, en las Areas de cultivo se observan, entre otras especies,
la perdiz, el verderón, distintos tipos de escribanos y de cogujadas,
la abubilla, los aguiluchos cenizo y pálido, la tórtola,
la codorniz, el erizo y la liebre. En los Asentamientos humanos, la lechuza,
la cigüeña, verdecillos, jilgueros, colirrojos, tórtolas
turcas... En los Sotos y zonas húmedas, el autillo, los ruiseñores,
escribanos y carriceros, el zampullín y el ánade real, el
milano, el martín pescador, el abejaruco, el turón y la escasa
nutria. En los Riscos y cotas altas, el buitre, el águila real y
la perdicera, el alimoche, el búho real, el halcón peregrino
y la garduña... Y en los Bosques, las distintas especies de carboneros,
el arrendajo, los zorzalez, el lobo, el corzo, el gato montés...
HISTORIA DE MIRANDA DE EBRO.
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Complementariamente,
el 27 de noviembre de 1254, el rey Alfonso X el Sabio otorgaba en la ciudad
de Burgos a Miranda el privilegio de celebrar la denominada "Feria de Mayo".
El 2 de abril de 1332, era Alfonso Xl quien concedía en Vitoria
a nuestra localidad el privilegio de celebrar una segunda Feria anual:
la "de Cuaresma , mas tarde denominada "del Ángel" y "de Marzo".
No se trataba de fenómenos particulares, sino de actos enmarcados
dentro de una política general de potenciación de las ferias
como elemento dinamizador de la economia e, indirectamente, del afianzamiento
poblacional. Refíriéndonos concretamente a la segunda concesión,
cabe señalar dos razones: la necesidad de seguir manteniendo una
población importante en un lugar geográficamente tan estratégico
como era el de la Villa de Miranda dadas las continuas tensiones políticas
y sociales de la época, y el interés del Monarca en que la
población mirandesa continuara creciendo en un momento en el que
probablemente empezaban a notarse los primeros indicios de la recesión
económica del XIV. Se establecían, por lo tanto, en el otorgamiento
de 1332 una serie de facilidades encaminadas a lograr la atracción
del mayor número posible de mercaderes, entre las que cabe destacar
la seguridad personal y la exención fiscal de todo tributo, incluido
el portazgo, a cuantos llegasen a nuestra población durante los
días de feria. Garantías que incluían el establecimiento
de la pena para quien transgrediera la normativa legal: una sanción
de cien maravedíes.
En el
último tercio del siglo XIV, la villa amurallada ve potenciado su
aparato defensivo con la construcción de un castillo en el Cerro
de la Picota, ordenada por el Conde Don Tello. Convivieron secularmente
en la urbe cristianos y judíos; tras la expulsión de éstos,
su sinagoga fue durante algún tiempo sede del Ayuntamiento en virtud
de una merced de los Reyes Católicos.
El siglo
XVI es el de mayor esplendor artístico de la villa, floreciendo
en Miranda un importante foco de escultura romanista, cuyo máximo
exponente sería Pedro López de Gámiz. La imaginería
local y el buen hacer en la talla de madera dan fama a la villa, y durante
siglos se mantienen activos talleres de cierto renombre.
A mediados
del siglo XVIII, la villa había iniciado su progreso con la instalación
de algunos talleres artesanos, fábricas de cuero y molinos comunales.
A finales de esta centuria, y dentro del reformismo borbónico, se
produjo un afán urbanístico sujeto a una tendencia artística,
el neoclasicismo, que en nuestra ciudad tuvo además carácter
de necesidad ya que a raíz de la riada de 1775 desaparecieron numerosos
edificios de la villa, entre ellos el Ayuntamiento y el mismo puente. La
construcción del nuevo puente fue encargada al arquitecto riojano
Francisco Alejo de Aranguren, quien posteriormente, y junto a Santos Ángel
de Ochandátegui, ejecutó las obras del nuevo Ayuntamiento
conforme al proyecto revisado por Ventura Rodríguez, arquitecto
mayor de la Villa y Corte de Madrid, por lo que el edificio es un fiel
reflejo de la estética neoclasicista impuesta por la Academia.
En 1795,
cuando las tropas de la Convención Francesa invaden España,
el frente de guerra se estabiliza en la línea del Ebro. Los mirandeses
impidieron entonces que las fuerzas invasoras traspasasen la barrera natural
del río, volviendo los franceses sobre sus pasos al fírmarse
la paz en el Tratado de Basilea. Años después, en la Guerra
de la Independencia, el ejército francés expolió la
villa de Miranda, llevándose en su retirada un valioso botín
económico y artístico.
Cuando
corría el tumultuoso segundo tercio del siglo XIX, con los fratricidas
conflictos entre isabelinos y carlistas asolando el solar patrio, Miranda
de Ebro vuelve a resonar con fuerza en el fragor de las revueltas por dos
hechos acaecidos en la entonces villa: en severisimo consejo de guerra,
fue condenado a pena de muerte y fusilado el célebre general carlista
Carnícer; en la rebelión de las tropas del regimiento de
Segovia, acantonadas en nuestra ciudad, fue asesinado en la Casa de Las
Cadenas por los soldados amotinados el General en Jefe de los Ejércitos
del Norte, D. Rafael Ceballos Escalera.
Históricamente
agrícola y ganadera, Miranda tenía a mediados del siglo XIX
cierto peso como centro comercial de la comarca. Más del 55% de
la población activa se dedicaba entonces a los trabajos del campo,
contando por otra parte la localidad con algunos molinos harineros, cinco
telares, cuatro fábricas de curtidos y varias tiendas. A principios
del XIX, se habían instalado algunas pequeñas industrias
papeleras, preludio de uno de los sectores que mayor peso alcanzaría
en la ciudad. Su población, sin embargo, había disminuído,
a causa de hambres y epidemias, de los 2.077 habitantes del año
1827 a los 1.742 del año 1848.
El gran
despegue mirandés se produce en 1864, con la creación de
las líneas ferroviarias Madrid-Irún y Tudela-Bilbao, traducida
en un pujante crecimiento poblacional, en la diversificación funcional
de núcleo con la aparición de las primeras industrias de
cierta dimensión, y en la multiplicación de su sector comercial.
Iniciada la primera de las lineas por la "Compañía de los
Caminos de Hierro del Norte de España" en 1856 y la segunda en 1857,
en el año 1864 estaban en activo ambas líneas en nuestra
ciudad. Entre 1848 y 1860, la población crecía un 66%, ascendiendo
a 2.896 habitantes, como consecuencia de las obras de construcción
y puesta en explotación de las vías férreas. Los veinte
establecimientos comerciales de 1854 pasan a ser ochenta y uno en 1890,
y se crean pequeñas fábricas de transformación de
productos agrícolas, tejería, loza, papel, curtidos y jabón.
En 1891, la Sociedad "Tobalina, Zárate y Cía" crea la primera
central eléctrica local.
El crecimiento
poblacional, la diversificación funcional del núcleo y la
multiplicación de su sector comercial se aceleran en el siglo XX.
Entre 1910 y 1920 nacen pequeñas industrias del metal (calderería
y calibrados) al amparo de las necesidades del ferrocarril, sector que
seguía siendo el que mayor número de personas empleaba. Se
crean después fábricas de estructuras metálicas para
la construcción, y de herramientas agrícolas, a las que se
suman dos fundiciones. En 1919, se amplía "Fundiciones Perea", una
de las tres existentes entonces en España que tenían como
objeto la creación de campanas y relojes; en 1922, se instala la
"Tejera de Miranda". El 14 de octubre de 1925 se inaugura la fábrica
"Sociedad Azucarera Leopoldo". En 1948 inicia su producción la papelera
"FEFASA", con sucesivas ampliaciones hasta 1952, empleando en el año
1958 a 2.424 trabajadores. En 1960, se comienza la construcción
de "REPOSA", que entrará en funcionamiento dos años después.
En 1963 se instalaba en Salcedo "INCOSA", junto a "GEQUISA", existente
desde 1948. El aumento demográfico de la ciudad es ininterrumpido:
si en 1900 se contabilizaban 6.199 habitantes, en 1910 eran 7321; en 1920,
8.615; en 1930,12.268; en 1940,15.166; en 1950,18.094; en 1960, 27.881;
en 1970, 33.905; y en 1980, 37.026. Posteriormente, asistiremos a un marcado
estancamiento poblacional.
En los
años ochenta, las tendencias industrializadoras cambian: se multiplican
las pequeñas y medianas empresas, especializadas en las más
diversas actividades y con una fuerte vocación exportadora, en sustitución
de las anteriores iniciativas industriales de gran formato. El Polígono
Industrial "Bayas", concebido por la Gerencia de Urbanización del
Ministerio de Vivienda en 1969, recibía en julio de 1981 las primeras
solicitudes de instalación de una serie de empresas, a las que no
han parado de sumarse otras hasta superar el centenar. La existencia de
un sector comercial diversificado y de un gran número de oficinas
financieras es hoy otro elemento característico de la fisonomía
mirandesa.
Nuestra
ciudad está hermanada, desde el 9 de mayo de 1992, con la localidad
francesa de Víerzon.
FIESTAS.
Ferias
de Marzo o del Angel.
Se celebra
en la primera fecha de marzo, y en sus aledañas, como herencia de
los mercados medievales establecidos en Miranda por concesión real,
agrupando sendas Ferias de Ganado y de Maquinaria Agrícola y Ganadera,
complementadas con una Exposición del Automóvil. El Recinto
Ferial, comenzado a utilizar con dicho fin siete siglos y medio atrás,
es todo un símbolo de la propia idiosincrasia e historia de Miranda
de Ebro.
Fiestas
de San Juan del Monte.
Se celebran
a lo largo del fin de semana y el lunes siguiente del Domingo de Pentecostés.
Con un origen que se remonta a la Edad Media, han sido declaradas de Interés
Turístico Nacional y expresan como ningún otro acontecimiento
el espíritu local. Durante tres días, la ciudad se ve invadida
por el bullicio y la alegría de las charangas y cuadrillas que recorren
las calles, ataviadas cada una con sus respectivos uniformes. Los numerosos
actos tienen su punto culminante el lunes con la subida multitudinaria
al paraje de La Laguna, lugar junto al que se ubica la ermita dedicada
al Santo, participando en la marcha unos treinta y cinco mil romeros, mirandeses
y foráneos. Tiene especial relieve, dentro de la programación
sanjuanera, el "Festival de la Canción del Blusa", en el que compiten
ochotes locales.
Fiestas
Patronales.
Miranda
celebra el 12 de septiembre sus fiestas en honor de la Patrona de la ciudad,
la Virgen de Altamira. Durante las jornadas inmediatas, se suceden verbenas,
conciertos, representaciones teatrales, acontecimientos deportivos, etc,
así como una solemne procesión. Cabe destacar, como actividad
específica que agrupa a un enorme número de espectadores,
el tradicional de Carrozas, realizadas por los grupos carroceros de la
ciuf año tras año compiten en originalidad constructiva.
Festividad
de San Antón.
La Cofradía
de San Antón Ab de las más antiguas de las existentes en
Miranda, celebrí mente, el día 17 de enero, una procesión
en torno a la Ermita Antón, construida hacia finales del siglo XII
en el término de L En el acto religioso se bendicen los animales
acarreados por sus propietarios, y se distribuye un "bollo preñado"
con chorizo.
Mercado
Medieval:
Recuperado
con enorme éxito en 1997 por la "Asociación de Hosteleros
Aquende" con el apoyo municipal, se celebra en las fechas inmediatas al
1 de mayo, y reúne en el Casco Antiguo mirandés a centenares
de artesanos y comerciantes que recrean, ataviados con trajes y mercadurías
de época, aquellas jornadas de compraventa en que se cimentó
el desarrollo local. Junto a narradores de romances, lanzafuegos, acróbatas,
danzantes, comerciantes y visionarios, desarrollan sus labores representantes
de gremios tales como el de los herreros, los canteros, los calígrafos
o los tintadores de papel. Venden en tanto sus productos los licoreros,
los encuadernadores, ceramistas, repujadores, ebanistas, curtidores, queseros,
vinateros, recolectores de miel, cereros, tallistas, cosméticos,
pertumeros, bordadores, alquimistas, taberneros, etc.
Feria
de Artesanía.
Organizada
por la Agrupación Mirandesa de las Artes, se incluye en la programación
de las Fiestas Patronales, y reune muestras de los más diversos
oficios tradicionales.
Festival Folklórico
Internacional.
Programado
por la "Asociación Folclórico Cultural Jacinto Sarmiento",
acerca a Miranda anualmente a grupos de danzas representativos de distintas
culturas y continentes.
Concentración
Invernal de Motos "Campturis".
Convocada
por el "Moto Club Campturis", da cita en las calles mirandesas durante
el segundo fin de semana de marzo a aproximadamente cinco mil motoristas
de toda España que compiten en pruebas de habilidad, velocidad,
etc.
Mercado
Semanal.
Tiene
lugar todos los sábados, en el Polígono Residencial de Anduva.
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