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Introducción
Según las Sagradas Escrituras, ante la rebelión de
Lucifer, el arcángel San Miguel formó parte del triunvirato
que capitaneó a los ángeles buenos contra los malos.
Por eso la Iglesia lo venera como protector frente al mal, como centinela:
el que habrá de pesar las almas el día del Juicio...
De este modo, se le representa con espada y balanza, matando al dragón
o armado de escudo y lanza. Tal vez, por ello, esa labor de vigía
tuvo algo que ver con su relación pecuaria, con la devoción
que los ganaderos le tenían: lo cierto es que las dos fiestas que
se asocian a este santo (la del 29 de septiembre y la del 8 de mayo -que
conmemora la "Aparición de San Miguel"-) están
relacionadas con la trashumancia del ganado en nuestro país, cuando
bajan de la sierra -la primera de ellas- y cuando regresan -la segunda-.
Esta devoción hacia él, así como la Feria de San
Miguel en septiembre es muy antigua en nuestra villa debido a la tradición
e importancia agropecuaria de Navalmoral y comarca: así, en el
siglo XVIII ya existía, de acuerdo con los datos que obran en nuestro
poder, aunque es más que verosímil su celebración
en fechas anteriores.
Como muestra de ello, uno de los barrios más típicos de
Navalmoral, el del "Perchel", se denominó barrio de "San
Miguel" hasta finales del siglo XIX. Fue a finales del siglo pasado
cuando llegan los ferroviarios y le cambian el nombre ante la llegada
de una simpática malagueña que procedía del barrio
malacitano del Perchel.
Hablando de esta Feria, nuestros antepasados tomaron esta festividad como
hito de referencia que condicionaba la economía agraria: arriendos,
contratos, transacciones, préstamos, etc. Pero también aprovechan
esos días de trato para comprar lo necesario, intercambiar productos
y "darle gusto al cuerpo".
Ubicación
Fue muy variable
a lo largo de los años, como exponemos a continución:
En el siglo pasado se celebraba junto a los Caños Viejos (actual
Plaza de Abastos), donde había un pilar magnífico y tres
charcas. Se extendía hasta el antiguo Canchigordo (hoy Ferial).
Pero al comenzar el siglo XX, ya se realizaba en El Espadañal:
a donde lo trasladaron dadas las escasas dimensiones del anterior.
Sin embargo, en agosto de 1.904 la traslada a La Parrilla, "por tener
más agua".
En 1.924 vuelven a trasladar el recinto ferial a la dehesa del Espadañal
(al "rincón" limitado por la vía férrea
y la carretera general). Lo que repiten durante la II República,
tras un intento de regreso a la zona de La Parrilla.
Tras la Guerra pasaría al Canchigordo. Pero en 1.945 tuvo que sufrir
un breve traslado a La Parrilla, "por ser más llano".
En 1.947 regresa de nuevo a la zona que, desde entonces, tomaría
el nombre del Mercado (en el citado "Canchigordo", donde hoy
están los colegios públicos "Campo Arañuelo"
y "Sierra de Gredos"). Para ello el municipio tuvo que adquirir
esos terrenos -que importaron 97.394,3 pesetas- mediante "aportaciones
voluntarias".
Evolución
posterior
Ya no cambiaría
de lugar, y allí siguió durante los años 50, 60 e
inicios de los 70. Y construyen en ese lugar un pilar y abrevadero para
el ganado. Más tarde instalan una báscula y un embarcadero,
cuyo restos aún se aprecian en el patio de recreo del colegio Campo
Arañuelo.
Llegamos a 1.970, cuando -aunque la Feria de Ganado se sigue celebrando
en el lugar anterior- llevan las atracciones a la avenida de Las Angustias:
desde la ermita hasta el prado de los Toboso, cuyo lugar se instaló
la plaza de toros portátil e incluso el Concurso de Albañilería
de 1.971.
El ocaso de la
Feria
Se produce cuando
desaparece (lo mismo que la de Abril) a mitad de los años 70, debido
a la "crisis agraria" y al "éxodo rural"; destinando
este gran solar para ubicar los dos colegios públicos antes mencionados,
por lo que los necesarios tratos de compra-venta de ganado se realizan
a partir de entonces en la distinguida cafetería Gredos o en otros
bares próximos.
Después intentan habilitar un Mercado Comarcal de Ganado en la
Dehesa de Abajo (junto al actual polígono industrial) sin éxito.
Recuperación
Tuvo lugar en 1.983
-de acuerdo con la promesa del nuevo alcalde de entonces, Javier Corominas
Rivera- con actos muy llamativos.
Pero lo que no se recupera es la feria de ganado.
A lo largo de los años se han ido resucitando e incorporando otras
actividades con gran éxito, como el "Concurso de Albañilería",
la "Feria de Artesanía", la "Feria del Automóvil"
o la "Muestra de Productos Extremeños".
A partir de entonces la progresión ha sido espectacular, como podemos
valorar a través de los diversos actos programados en las últimas
ediciones y que están en el recuerdo de todos los moralos.
Así está la situación actual. Y, como es natural,
su futuro es fácil de adivinar: la Feria de San Miguel será
la que nosotros -con nuestro apoyo y asistencia- y nuestras autoridades
-con las gestiones oportunas- queramos.
©
Domingo Quijada González
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